La seguridad empieza por uno mismo

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Colaboración con SaludCanarias

Infinidad de médicos, miembros de enfermería, y técnicos en emergencias sanitarias, cumplen servicio todos los días en España exponiendose durante su jornada laboral a infinidad de riesgos. De un tiempo a esta parte se ha sumado uno más a la larga lista y puede,si cabe, ser el más peligroso; el de las agresiones físicas propiciadas por parte de aquellos a los que ayudan o asisten.

Solamente en Canarias, el número de agresiones en el año 2017 llegaron a 293. Dentro de ellas, 230 fueron verbales, 18 físicas y 45 mixtas y son sin duda, estás dos últimas, las más preocupantes y sobre las que cualquier sanitario debería estar más precavido y preparado. Si bien las agresiones verbales son peligrosas y el dicho de “Las palabras dañan más que los golpes” debe estar presente en muchos ámbitos de la vida, bien es verdad, que como personal que trabaja de cara al publico, deberíamos protegernos con una pequeña capa impermeable que impida que esas agresiones verbales hagan efecto en nuesta psique. ¿Pero como protegernos de la agresiones físicas? De esas agresiones somos nosotros, los sanitarios que las afrontamos, quienes debemos tomar cartas en el asunto.

Más de una vez he escuchado la frase de “…soy sanitario, no policia” argumentando que no está en ellos su protección sino en manos de personal cualificado como son las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado o los vigilantes de seguridad, estos últimos más proximos a ellos; pero esa reflexión no deja de ser más que un gran error.
Quizás, lo primero que debamos hacer es distinguir los diferentes ámbitos de las posibles agresiones según el lugar donde ocurran y esto puede hacernos llegar a entender la importancia de nuestra propia autodefensa.

Tanto en medicina como en enfermería, el profesional se encuentra a solas con el posible foco de la amenaza, y si bien puede detectar el riesgo viendo el cariz que va tomando durante la misma, también es verdad que el personal de seguridad no siempre está disponible para una rapida intervención. Esto último se debe bien por la distancia a recorrer o porque, refiriendonos a los centros de salud, no todos poseen un servicio de seguridad privada que cubra las 24 horas. En este caso, la llamada a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad se dilata, sumandole ese tiempo al de la activación y llegada de sus efectivos, lo que produce, por desgracia, que la agresión sea irreversible.

En los servicios de urgencias de los centros de salud y hospitales, todos sabemos la tensión que se generan en dichos espacios por muchos y variados motivos. La ansiedad que produce un familiar herido o las frustraciones que generan las esperas para ser atendidos, tanto por la falta de personal o el colapso del servicio, hacen de estos lugares verdaderas bombas de relojería. A sabiendas de esto, dichas instalaciones poseen personal de seguridad que se ocupa de su protección pero aquí también aparecen diferencias considerables. En las urgencias de los centros hospitalarios se dispone de un número mayor de vigilantes de seguridad que en caso de altercados pueden ser reforzados por personal de otras zonas del mismo centro, pero siempre ronda la posibilidad que no lleguen a tiempo para frustar el ataque. A esto hay que sumarle que, en muchas ocasiones, estos vigilantes no poseen la suficiente experiencia en técnicas de reducción,  defensa personal o defensa personal policial que ayude en sus intervenciones ya que dicha formación, si bien es obligatoria cuando aspiran a la consecución de su título, muchos de ellos no permutan la misma durante su vida laboral.
En el caso de los centros de salud, ocurre lo mismo, pero a esto se añade el problema de los efectivos. En la mayoría de dichas instalaciones solo presta servicio un solo vigilante, el cual, normalmente se ve desbordado al tener que proteger al personal del centro a la vez que su propia integridad de uno o varios focos de agresión.

En las ambulancias de urgencias se incrementa el riesgo del personal tanto medico, como de enfermería y técnicos en emergencias sanitarias. Estos profesionales no tienen ningún tipo de protección externa a no ser que haya sido solicitada a los Centros de Coordinación antes de la llegada del recurso por el conocimiento del lugar al que se dirigían o bien, porque ya se encontraban en el mismo. Aun así, teniendo ya consigo a los miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado para protegerles, en muchas ocasiones esa labor es infructuosa. ¿El motivo? La seguridad total es imposible y una agresión se genera en cuestión de un solo segundo.

Entonces, ¿como podemos evitarlas? Esta es la cuestión más dificil de resolver.

En varios lugares de España, el último en Salamanca, se ha optado por lo que creo es imprescindible; la formación del personal sanitario en técnicas de autodefensa física a través de formación en defensa personal. ¿Y por qué? Porque como indica el título, la seguridad empieza por uno mismo. En los tiempos que corren es necesaria esta formación, que si bien no nos va a formar como expertos, sí puede llegar a evitar que suframos una agresión de la cual no podamos salir indemnes. Cada vez conozco a más personas del ámbito sanitario que han tomado esta decisión, formarse; y funciona. La seguridad que otroga dichos conocimientos no solo ofrece garantías físicas, sino psicológicas. Ayuda al profesional a verse involucrado en situaciones de riesgo con el uso del role play donde puede afrontar las mismas con técnicas anteriormente practicadas. Y no estamos hablando de una larga lista o amalgama de técnicas de autodefensa, sino de unas pocas, específicas, las cuales nos ayudarán a protegernos y facilitar nuestra huida de la zona de riesgo; porque en ello consiste la defensa personal.

Sin duda, la formación en este tipo de técnicas debería ser impartida en talleres para todo el personal que lo requiriera porque primero, el saber no ocupa lugar y segundo, ese saber podría salvar tu vida.

Elfidio Heras Ramirez

 

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