Las válidas y odiosas Etiquetas…

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Natalia Morín

Las etiquetas están de moda, todo el mundo tiene una. ¿Cuál es la tuya? Es posible que ahora no se te ocurra ninguna referente a ti, pero antes de acabar este artículo la encontrarás. Para todos aquellos/as que no sepan lo que son las etiquetas se lo voy a definir fácilmente: Las etiquetas se asignan a las persona por pertenecer a un grupo, a una cultura o poseer una determina característica, es la «calificación identificadora de una persona en cuanto a su carácter, dedicación, profesión, ideología, etc.»

Por tanto, estamos los diabéticos/as, los alérgicos, los canarios/as, los depresivos/as y porque no, los locos/as. Hay infinidad de etiquetas y cada una de ellas nos ofrece muchísimas información de una persona, aunque ésta no sea real. ¿Les suena la famosa frase de los canarios/as son aplatanados? Pues con todo nos pasa exactamente lo mismo. Desde que asociamos una determinada etiqueta con una persona, automáticamente en nuestra mente aparecen muchas características y calificaciones, y es que los canarios/as estamos todo el día en la playa, comiendo plátanos y en cholas,… Bromas aparte, debemos tomarnos muy en serio las etiquetas.

En el mundo sanitario, una etiqueta puede facilitar mucho la labor, facilita en gran medida tanto el diagnóstico como el posterior tratamiento. Por ejemplo, conocer que un paciente es hipertenso explicaría síntomas o descartaría determinados tratamientos. Son estos ejemplos los que nos hacen valorar la importancia y la validez de éstas.¿Pero qué ocurre cuando esas etiquetas las usamos en otros contextos? Por ejemplo, ¿qué piensan una gran mayoría de las personas de un niño con autismo? ¿Que no miran?, ¿que caminan de puntillas?, ¿que no se pueden adaptar con la sociedad? ¿Por qué no podemos ver al niño/a , su desarrollo, su evolución, su actitud hacia la vida? ¿Por qué damos por válidos ciertas características si todos/as somos diferentes? ¿por qué limitamos a las personas según su etiqueta?

Las etiquetas pueden ser positivas o negativas, todo depende del uso que hagamos de ellas, lo que sí podemos asegurar es que debemos abrir nuestra mente y ver más allá , no encasillemos, no aceptemos falsos mitos que nos impiden valorar otras grandes virtudes.

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