El Arte De Cuidar

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EL ARTE DE CUIDAR

Ana Barreno

 

Que estas palabras sirvan de HOMENAJE a esas personas, muchas mujeres y algunos hombres, dedicados a la ardua labor de cuidar a una persona dependiente, normalmente en el entorno familiar. Sin las cuales estoy convencida, no se sostendría el sistema sanitario.

No dejan de sorprenderme en mi trabajo diario como enfermera por su entereza, entrega y dedicación hacia su ser querido.

Teniendo que hacer malabares para que les cunda el igual de finito para todos y todas y desarrollar con éxito distintos roles (madre, mujer, hija, trabajadora, amiga…) que a veces entran en competencia.

Son expertas en gestión del tiempo, priorización, resolución de problemas. En valorar, pensar y hacer.

Utilizan su imaginación infinita para improvisar ante distintas situaciones de su día a día.

Por suerte (así lo considero). He experimentado como persona el valor de cuidar: Primero a muy corta edad, junto con mi hermana del cuidado de mi madre que falleció a los 55 años tras una larga enfermedad degenerativa, por la que estuvo más de 20 años en una silla de ruedas precisando ayuda para todas las ABVD, y luego recientemente con mi padre que falleció hace 8 meses a los 82 años tras 2 enfermo y también dependiente.

Desde el principio tuve claro mi profesión por vocación e interés por la comunidad, las personas y sus cuidados. La suerte del destino me ha concedido estar muy cerca de las personas cuidadoras.

Ahora como profesional, no dejo de pensar que cuando se cierra la puerta de cada domicilio, tras mi valoración integral del paciente y del cuidador en el entorno familiar después de mi propuesta de planes de cuidados consensuados. Hay mil cosas que han hecho ya los cuidadoras y miles de cosas que quedan por hacer, recayendo directamente en ellos tanto la ejecución de las tareas como la responsabilidad del cuidado.

Normalmente tan ocupadas en las tareas de cuidar que no encuentran tiempo para satisfacer sus propias necesidades pasando estas a un segundo plano.

Aflorando entonces un sinfín de sentimientos como: Rabia, ira, tristeza, desesperanza, temor… también de felicidad, alegría, esperanza, amor, fe, entusiasmo, satisfacción, serenidad, valentía, lealtad…

Con el cuerpo corren y con la mente vuelan para tener todo controlado. Las necesidades que tienen que cubrir cada día y atender las demandas a veces incesantes de la persona a la que brindan sus cuidados y la mayoría de las veces con una sonrisa.

Me pregunto si somos conscientes, la población en general y los profesionales de la salud y las autoridades en lo particular de lo que supone ” SER UNA PERSONA CUIDADORA”.

En el mejor de los casos el cuidado es compartido con una buena organización familiar y apoyo externo.

Muchas, motivo de distanciamiento familiar por la implicación o no en el cuidado compartido. Energía perdida en el intento de recibir apoyo y ayuda e implicación.

En no pocos ocasiones, recayendo los cuidados en una sola persona de referencia, haciendo mas difícil: Los momentos de respiro, descanso y dedicación sobre su propia salud y ya no digamos sobre las necesidades de ocio y tiempo libre.

Ahora que comienza la época estival, pienso cuantas familias y personas cuidadoras no podrán tener vacaciones o disfrutar de momentos de ocio y relajación como se merecen y quisieran.

Todos en alguna etapa de nuestra vida hemos desarrollado o desarrollaremos este rol, que será duradero y a veces agotador e ingrato y otras esperanzador y feliz por dar lo mejor de ti a alguien que quieres y ni te planteas el esfuerzo y la dedicación que supone. En ocasiones el cuidado ofrece lo oportunidad de conocer a fondo a la persona que en otras circunstancias no hubiera sido posible.

Por tanto, al hablar y relacionarme a diario con las personas cuidadoras no puedo sentir sino un profundo “RESPETO y ADMIRACIÖN” por cada una de ellas. Considerandos “HEROES Y HEROINAS” de nuestros tiempos.

Deseándoles de corazón que disfruten en cada momento del cuidado de su ser querido, de los momentos vividos a su lado con grandes dosis de humor, por las situaciones casi irreales y Dantescas que se presentan y a veces acompañarlos en su partida.

Prepararse y cargarse de herramientas, conocimientos, habilidades y destrezas para el reto que supone cuidar.

Aprender desde el principio a solicitar ayuda, poner límites y decir que “NO”.

Gracias, gracias una y mil veces por dejarnos ser parte de vuestras vidas, abrirnos vuestras casas y sobre todo vuestros corazones de par en par, enseñarnos y ayudarnos a intentar ser cada día más profesionales y mejores personas.

 

 

Ana Isabel Barreno Estévez.

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